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Señales de alarma en trastornos del espectro autista

 

Señales de alarma para iniciar el estudio de un posible trastorno del espectro autista

  • No observar sonrisas u otras expresiones placenteras a partir de los 6 meses.
  • No responder a sonidos compartidos, sonrisas u otras expresiones a partir de los 9 meses.
  • No balbucear a los 12 meses.
  • No hacer o responder a gestos sociales (señalar, mostrar, decir adiós con la mano, etc.) a partir de los 12 meses.
  • No decir palabras sencillas a partir de los 16 meses. No hacer frases espontáneas de dos palabras con sentido (no ecolalia) a partir de los 24 meses.
  • Cualquier pérdida de lenguaje o habilidad social a cualquier edad.
 
 

Conductas y rasgos característicos que permiten detectar los casos en los que se puede apreciar la presencia del trastorno de espectro autista

  • Sordera aparente paradójica, falta de respuesta a llamadas e indicaciones.
  • No comparte ‘focos de atención’ con la mirada.
  • Tiende a no mirar a los ojos.
  • No mira a los adultos vinculares para comprender situaciones que le interesan o extrañan.
  • No mira lo que hacen las personas.
  • No suele mirar a las personas.
  • Presenta juego repetitivo o rituales de ordenar.
  • Se resiste a cambios de ropa, alimentación, itinerarios o situaciones.
  • Se altera mucho en situaciones inesperadas o que no anticipa.
  • Las novedades le disgustan.
  • Atiende obsesivamente, una y otra vez, a las mismas películas de vídeo.
  • Coge rabietas en situaciones de cambio.
  • Carece de lenguaje o, si lo tiene, lo emplea de forma ecolálica (repetitiva) o poco funcional.
  • Resulta difícil  compartir acciones  con él o ella.
  • No señala con el dedo para compartir experiencias.
  • No señala con el dedo para pedir.
  • Frecuentemente “pasa” de las personas, como si no estuvieran.
  • Parece que no comprende o que  comprende selectivamente  sólo lo que le interesa.
  • Pide cosas, situaciones o acciones, llevando de la mano.
  • No suele ser él quien inicia las interacciones con adultos.
  • Para comunicarse con él, hay que “saltar un muro”: es decir, hace falta ponerse frente a frente y producir gestos claros y directivos.
  • Tiende a ignorar.
 
 

Período de edades

 1. En el período de 18 a 36 meses:
 
a. No se interesa por otros niños/as.
b. No hace uso del juego SIMULADO, por ejemplo, hacer como si sirviera una taza de café usando una cafetera y una taza de juguete.
c. Presenta juego poco imaginativo, repetitivo o rituales de ordenar en fila, de interesarse sólo por un juguete concreto, etc.
d. No utiliza el dedo índice para señalar, para indicar INTERÉS por algo.
e. No te trae objetos con la intención de MOSTRÁRTELOS.
f. Da la sensación de no querer compartir actividades.
g. Tiende a no mirar a los ojos y, cuando te mira, su mirada tiende a ser corta y “de reojo”.
h. En ocasiones parece sordo, aunque otras puede parecer especialmente sensible a ciertos sonidos.
i. Presenta movimientos raros, como balanceos, poner los dedos en posiciones extrañas, etc.
 
2. De 3 a 5 años:
 
a. Baja respuesta a las llamadas (requerimientos verbales) de los padres o adultos, o a otros reclamos, aunque existen evidencias de que no hay pérdida de audición.
b. Dificultades para establecer o mantener relaciones en las que se exija atención o acción conjunta.
c. Escasa atención a lo que hacen otras personas, en general.
d. Retraso en la aparición del lenguaje que no es sustituido por otro modo alternativo de comunicación.
e. Dificultades para entender mensajes a través del habla.
f. Inquietud más o menos acusada que se traduce en correteos o deambulaciones “sin sentido” que dificultan centrar la atención.
g. Pocos elementos de distracción y los que existen pueden llegar a ser altamente repetitivos y obsesivos.
h. Dificultades para soportar cambios dentro de la vida cotidiana, por ejemplo, en los horarios o en los lugares en los que se hacen determinadas actividades, etc.
i. Alteraciones sensoriales reflejadas en la escasa tolerancia a determinados sonidos, olores, sabores, etc., y que afectan a hábitos de la vida como la alimentación, el vestido, etc.
j. Escaso desarrollo del juego simbólico o del uso funcional de objetos.
k. Alteraciones cognitivas (percepción, memoria, simbolización) que afectan a la resolución de problemas propios de estas edades.
l. Problemas de comportamiento que pueden ir desde los correteos o conductas estereotipadas del tipo balanceos o aleteos de manos, hasta rabietas de intensidad variable.
 
3. A partir de los 5 años: comprobar si los síntomas anteriormente descritos están presentes o lo han estado. Para aquellos casos del espectro autista más “leves” habría que comprobar a partir de esta edad lo siguiente:
 
a. Dificultades para compartir intereses o juegos con otros niños y niñas.
b. Tendencia a la soledad, en recreos o situaciones similares o a abandonar rápidamente los juegos de otros niños y niñas por falta de habilidad para la comprensión de “su papel” dentro del juego.
c. Juegos o actividades que, aun siendo propias de su edad, llaman la atención, por ser muy persistentes, incluso obsesivas.